Soltando libros
Hace algún tiempo, recuerdo que me llamó la atención un proyecto para compartir libros a lo largo de todo el mundo (o eso creía). El proyecto consistía, basicamente en registrarte en la típica página web, registrar un libro y abandonarlo para que, con algo de suerte alguien lo encontrara, lo leyera e hiciera lo mismo que tu. Eso sí, entrando en esta página e indicando que lo había encontrado y que es lo que pensaba hacer con él. Vamos, el caso era poder seguir la vida del libro (viajes, vueltas, préstamos) allí dónde se encontrara. Esto huele a doscerismo que atufa, aunque por aquellos tiempos (2003) todavía no era muy conocida esta otra web social.¿Alguién conoce el Bookcrossing?.
Aprovechando las fechas navideñas, en las que todo es buena voluntad, y mi último viaje en tren de camino al trabajo, decidí darle otra oportunidad al invento y de paso deshacerme de un ladrillo leído recientemente (Los círculos de Dante). Esperé a que todo el mundo abandonara el vagón y deslicé el preciado códice sobre el asiento. Casi sin tiempo, antes de que la marabunta tomará el tren, me escabullí entre la gente para evitar lo que supondría un doloroso reencuentro a la voz de: oye guaje, te s´ha olvidao
el llibru, tas tontu.
Ahora, al igual que en la anterior ocasión, solo resta esperar que un alma con acceso a internet haya encontrado el libro, haya leído la nota aclaratoria y se digne a poner algo en el diario del libro.
La verdad es que no tengo mucha fé en el sistema (en este de los libros), pero que le vamos a hacer. Es la segunda vez que lo intento sin éxito (de momento).
Por cierto, que después de tantos años, tanta tecnología y estos del bookcrossing siguen anclados en la web unocero. Paciencia.
Escrito por Juanjo en Diciembre 22, 2008
Anchivado en la categoria: Bibliotecas, Pasando el rato
Etiquetas: bookcrossing, libros, viajes









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